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jueves, agosto 25, 2011

Los niños aprenden lo que viven


Si un niño vive criticado,
aprende a condenar.
Si un niño vive en un ambiente hostil,
aprende a pelear.
Si un niño vive ridiculizado,
aprende a ser tímido.
Si un niño vive avergonzado,
aprende a sentirse culpable.
Si un niño vive con tolerancia,
aprende a ser paciente.
Si un niño vive con aliento,
aprende a tener confianza.
Si un niño vive estimulado,
aprende a apreciar.
Si un niño vive con honradez,
aprende a ser justo.
Si un niño vive con seguridad,
aprende a tener Fe.
Si un niño vive con aprobación,
aprende a valorarse.
Si un niño vive con aceptación y amistad,
aprende a encontrar el Amor en el mundo.

lunes, agosto 01, 2011

La comunicacion en la familia

La buena o mala relación entre padres/madres, hijos /hijas son el resultado de un proceso de comunicación; las relaciones familiares dependen de lo que se dice, cómo se dice, del tono de la voz, de la claridad del mensaje, de los gestos que acompañaron las palabras y por supuesto de todas las percepciones que de ahí se formen.
Los problemas de comunicación en la familia tienen raíces muy profundas; desde resentimientos, reclamos que nunca se hicieron pero que en la memoria sentimental están presentes.
Los niños y niñas aprenden a comunicarse en la interacción de la familia. Es ésta la que favorece el aprendizaje de la comunicación cuando se demuestra y se aceptan los sentimientos y pensamientos de cada miembro de la familia. El estilo o la forma que emplee el niño/a con más frecuencia, lo aprenderá de su ambiente familiar. Sin embrago, existen dinámicas familiares que no fomentan esta capacidad sino que más bien son un albergue para las dificultades de comunicación. Por ejemplo:
“Callar es mejor”
“Si hablo, se empeoran los problemas”
“No le haga caso, cuando el/ella esta enojado (a) no sabe ni lo que dice”
“Yo fui quien provocó su enojo, si no me hubiera puesto de insistente tal vez no se hubiera enojado tanto, es mi culpa”
“Le cuento lo que pasó pero su papá/mamá no se puede dar cuenta”
“No dije nada porque igual no me ponen atención”
Todos estos son estilos de comunicación muy comunes en las familias. Hay una lucha por mantener “secretos” que al final de cuentas son secretos a voces porque, aunque nadie habla del tema, todos lo saben.
Existen también alianzas familiares. Por ejemplo la alianza de una madre con su hijo que se unen para enfrentar a la hija y al papá en temas de la casa; todo porque la relación de pareja no anda bien y sienten la necesidad de buscar en los hijos quien les apoye en la toma de decisiones. Lamentablemente, son los hijos los que quedan atrapados en esta peligrosa dinámica. Aquí la ruptura de la comunicación en la pareja extiende sus síntomas a los hijos. En algún momento, los hijos pueden experimentar sentimientos contrarios hacia el padre/madre, pueden llegan a verlos como rivales o, en el otro extremo llegan en algún momento a tener sentimientos de culpa. Me contaba un amigo que durante dos años no le dirigió palabra alguna a su padre, esto porque su madre día tras día le contaba todos los conflictos que como pareja tenían, sus sospechas de infidelidad, las dificultades económicas, las peleas, los reclamos. Llegó el momento en que por la presión que sentía y por el sentimiento de enojo, decide distanciarse de su papá. Años después siente la necesidad de acercase a su padre y conocer la parte de la historia que él nunca conoció. Mi amigo tuvo la fuerza y el amor necesario para perdonar a ambos, sin embargo, en algún momento le reclamó a su madre que por la forma en la que ella había manejado la situación él se había perdido de dos años de vivencias con su padre.
No quiero decir con este ejemplo que nos tengamos que mantener en reserva las dificultades que tengamos como pareja y como familia. Sino que más bien, tengamos la precaución de no generar sentimientos y conflictos mayores. Recuerde que sus hijos/hijas no pueden ser sus consejeros matrimoniales. En tal caso, busque ayuda de algún terapeuta o consejero familiar, alguien que pueda mantener su subjetividad.
Existe también un tipo de comunicación que cuál veneno en la sangre; llega rápidamente a todo el cuerpo y puede llegar a paralizar las emociones: la descalificación o la desconfirmación.
¡Qué triste es estar con una persona que constantemente te desconforma! Personas que esperan atentas el tropiezo, la falla; para correr a ponerla en evidencia. Esto es una agresión emocional.
La persona que vive bajo este tipo de relación, probablemente siempre tenga un sentimiento de falta y experimente constantemente el temor de ser inclusive expuesta ante otros como la inútil, la que no sirve para nada, la que todo lo hace mal…. Lo más triste es que, es probable que después de mucho tiempo de estar sometida a esta tipo de relación, la persona llega a creérselo. Hablamos entonces de personas por supuesto con baja autoestima, con escaso sentimiento de logro y con poca confianza en sí misma.
Probablemente, este estilo de comunicación que muchas personas utilizan, data de su aprendizaje en familia. En un ambiente familiar en donde el padre trate con desconfirmación a su pareja, lógicamente los hijos/as al estar expuestos a esto, en algún momento puedan llegar a reproducir con sus parejas y con sus hijos sus estilos.
La palabra de Dios dice que en él somos nuevas criaturas. Usted, no tiene porque creer que las cosas son así y que a cómo usted aprendió, así deben aprender los suyos. Dios en su infinito amor, le esta llevando a leer esta líneas para que usted pueda efectuar cambios que bendigan la relación en su familia. Dios no quiere que nos sintamos mal; no creo en ese dicho que muchas personas utilizan para respaldar o reforzar el maltrato: “esta es la cruz que Dios me dio para llevar”. No, Él llevó la cruz; por usted y por mi. Él quiere que usted y yo estemos bien. No avale la agresión de ningún tipo.
Existen otros tipos de comunicación inadecuada que también son muy comunes:
• El complaciente que siempre quiere quedar bien con todos…. Esto es imposible. Se puede acompañar de un tono de voz nervioso, de una postura no clara, puede develar fragilidad.
• Padres y madres que se comunican con sus hijos e hijas asumiendo actitudes que provocan sentimientos de culpa: “Bueno anda, yo aquí me voy a quedar solita(o) esperándote” “Y quién me va a acompañar a mi”
• Los de doble mensaje: quiero que seas un buen hombre- mujer, por eso te pego.
Cuando quiera establecer un límite con su hijo/hija, puede utilizar estos tres pasos que favorecen la comunicación y que a la ves fortalece el vínculo:
1. Señale la falta: sin mucho adorno. “No me gusto que te tiraras en el suelo en el supermercado”
2. Hable del sentimiento: “Me sentí mal y avergonzada porque no me escuchaste.
3. Proponga: la próxima ves… proponga una solución y una consecuencia
Este es un ejemplo muy simple de comunicación clara entre padres e hijos. Evite hacerlo cuando estén enojados o mientras haya un berrinche. En esos momentos la comunicación puede ser cortada por el enojo o la irracionalidad.
Cuando sea por una situación de pareja que necesite comunicar, puede recurrir a :
1. La carta de amor: siéntese y piense. Escriba una carta siguiendo los pasos anteriores: hable de lo que le molesta, qué es lo que siente y que propone.
2. Cuando no se logran poner de acuerdo. Siéntense y escriban cada uno que es negociable y que no es negociable. Convérsenlo
3. Como pareja es importante buscar espacios neutros. Si tienen algún tema importante, salgan a cenar y lo dialogan.
Dios bendiga su familia.
Hasta entonces!
Licda. Tatiana Carrillo Gamboa.
Psicóloga y psicopedagoga.

martes, junio 07, 2011

Las ocho mentiras de mi mama

Esta historia comienza cuando era niño… nací pobre.  A menudo no teníamos suficiente qué comer.  Cuando teníamos algún alimento, Mamá solía darme su porción de arroz.  Mientras pasaba su arroz a mi tazón, solía decir: “Cómete este arroz, hijo, yo no tengo hambre”.  Aquella fue la primera mentira de Mamá.
Al crecer, Mamá renunció a su tiempo libre para pescar en un río cercano a nuestra casa; ella esperaba que de los peces que pescase, me podría dar proveer de un alimento más nutritivo para mi crecimiento.  Una vez, cuando sólo había pescado dos peces, hizo sopa de pescado.  Mientras tomaba la sopa, Mamá se sentó a mi lado y comió lo que quedaba en el hueso del pez que me había comido; mi corazón se estremeció al verla.  Una vez que le pasé el otro pescado, lo rehusó y dijo: “Cómete el pescado, hijo, a mí en realidad no me gusta el pescado”.  Esa fue la segunda mentira de Mamá.
Cuando, para poder pagar mi educación, Mamá fue a una fábrica de fósforos para traer a casa algunas cajetillas usadas, las que llenaba con cerillas nuevas.  Esto la ayudaba a ganar algún dinero para cubrir nuestras necesidades.  Una noche invernal me desperté y hallé a Mamá llenando las cajetillas a la luz de una vela.  Así que le dije: “Mamá, vete a dormir; es tarde, puedes seguir trabajando mañana en la mañana”.  Mamá sonrió y dijo: “Vete a dormir, hijo, no estoy cansada”.  Esa fue la tercera mentira de Mamá.
Cuando tuve que hacer mi examen final, Mamá me acompañó.  Después del amanecer, ella me esperó por horas en el calor del día.  Cuando sonó la campana, corrí a encontrarme con ella… Mamá me abrazó y me dio un vaso de té que había preparado un termo. El té no era tan fuerte como el amor de Mamá.  Viéndola cubierta de sudor, de una vez le pasé mi vaso y le pedí que tomase también.  Mamá dijo: “Toma tú, hijo, que yo no tengo sed.”  Esa fue la cuarta mentira de Mamá.
Tras la muerte de Papá, Mamá tuvo que desempeñar el papel de ambos.  Mantuvo su empleo anterior; tenía que satisfacer sola nuestras necesidades.  Nuestra vida familiar se tornó más complicada, pasábamos hambre.  Viendo empeorar nuestra condición familiar, mi bondadoso tío, quien vivía cerca a nuestra casa, vino a ayudarnos a resolver nuestros problemas grandes y pequeños.  Nuestros otros vecinos vieron que estábamos en pobreza por lo que aconsejaban a Mamá que se volviera a casar.  Pero ella rehusó casarse de nuevo diciendo: “No necesito amor”.  Esa fue la quinta mentira de Mamá.
Al terminar mis estudios y obtener un empleo, llegó el tiempo para que mi anciana madre se jubilase pero ella siguió yendo al mercado cada mañana para vender algunos vegetales.  Yo le seguía enviando dinero pero ella era persistente y aún me enviaba de vuelta el dinero diciendo: “Tengo suficiente”.  Esa fue la sexta mentira de Mamá.
Seguí mis estudios de maestría a tiempo parcial.  Financiado por la corporación estadounidenses para la cual trabajaba, tuve éxito en mis estudios.  Con un gran aumento en mi salario, decidí traer a Mamá a disfrutar la vida en los Estados Unidos pero ella no quiso molestar a su hijo.  Me dijo: “No estoy acostumbrada a vivir por lo alto”.  Esa fue la séptima mentira de Mamá.
En su vejez, Mamá fue atacada por el cáncer y tuvo que ser hospitalizada.  Como ahora vivía al otro lado del océano, fui a casa a ver a Mamá, quien se hallaba encamada tras una operación.  Mamá intentó sonreír pero yo estaba quebrantado por verla tan delgada y frágil.  Pero Mamá dijo: “No llores, hijo, no me duele”.  Esa fue la octava mentira de Mamá… y diciéndola, falleció.
Autor Desconocido, enviado por by Edz Arsua, U.A.E.
Fuente: www.motivateus.com
Creo que no exagero si creo que también sería aplicable en muchos casos, al progenitor masculino.  Lo cierto es que el autor del pensamiento nos presenta, dentro de un contexto de mucha necesidad de su niñez, los “pecados” de su progenitora… que más justamente deberíamos llamar sus “sacrificios”.  Creo que cada uno de ustedes podrá identificar y atribuir algunas de estas “mentiras” a sus madres/padres y tal vez sería lo más adecuado que pudiésemos honrarles ahora que están vivos… Adelante y que el Señor les bendiga.
Raúl Irigoyen
El pensamiento Del Capellán

domingo, febrero 20, 2011

No dejes que te quiten la libertad y la esperanza

PREGUNTA:

Apreciado pastor:

“Soy una joven de 28 años de edad, a los 13 años mi madre me expulsó de mi casa y durante un tiempo viví en las calles. A la edad de 15 años conocí un joven del que me enamoré. Lamentablemente me embaracé y luego él me dejó sola. Intente sacar a mi hijo adelante sola como pude trabajando muy duro. A los 17 conocí a otro chico con el cual estuve 6 años. Él me golpeaba, le gustaba mucho beber alcohol, así que terminé por abandonarlo. Finalmente logré volver con mi familia después de varios años de haber sufrido hambre, maltratos y humillaciones.

Con el tiempo conocí el amor de Dios y me uní a una iglesia cristiana, hace 3 años que soy bautizada, y llevo estudios bíblicos. Sentí el llamado para trabajar con adolecentes ya que Dios puso en mi corazón la convicción de que mi testimonio podría salvar y ayudar la vida de muchas jóvenes que están en las drogas, que provienen de familias disfuncionales, que han vivido el drama de los embarazos adolescentes y muchas otras cosas más. Llevo trabajando con este ministerio hace un año.

Estando en esta labor conocí a un joven el cual es un siervo dedicado a las cosas de nuestro Padre celestial, tiene un corazón generoso, es temeroso de Dios, un varón con muchas virtudes. Él se enamoro de mí y van ocho meses que estamos enamorando. Ambos soñamos con servir a Dios en un ministerio para jóvenes. Pues bien, decidimos hablar con nuestro pastor y nos encontramos con una respuesta muy dura de su parte. Él dijo de una manera cortante y hasta cruel que yo no soy un buen testimonio para la vida de él, ya que mi enamorado siente el llamado para ser pastor y yo soy madre soltera. Quedé devastada y confundida. Yo me aferro a las promesas de Dios de que somos nueva criatura y que además mi vida es una nueva vida porque vivo para Cristo. Quisiera saber si realmente él jamás podrá casarse conmigo y si en algún momento podrá ejercer el ministerio.

La duda que estoy sintiendo es como un castigo diario. Yo quiero que él sea feliz y haga la voluntad de Dios, que lo ha llamado al pastorado. Sé que mi vida fue terrible ante los ojos de Dios pero sé que ahora puedo usar mi testimonio para ayudar a muchos jóvenes. Espero con ansias una respuesta que me de paz”.

RESPUESTA:

Apreciada amiga:

Cuando leo cartas como la que tú me envías me lleno de tristeza, sólo en esta semana he recibido cuatro con el mismo tenor de la tuya. No me acongoja tu testimonio, que es digno de ser escrito y publicado para que miles se enteren del extraordinario amor de Dios que es capaz de redimir a quienes están perdidos y luego son rescatados por su gracia. Me llena de desconsuelo el saber que algunos se llaman “pastores” y en realidad son lobos vestidos de ovejas cuya misión es destruir y desanimar a quienes han optado por entregar su vida a Dios.

El peligro enfermante del legalismo 

El legalismo es un disfraz del enemigo de Dios para atormentar a quienes han decidido creer en las promesas de Dios.

Ese pastor que los “aconsejó”, puede que tenga las mejores intenciones, pero su honestidad no lo libra del grave error que está cometiendo. Simplemente no cree en la redención. ¿Qué espera? Una iglesia de santos impecables que nunca se hayan equivocado, en ese caso, tendría que construir su templo en otro planeta, porque los que vivimos en éste estamos todos contaminados de pecado. Ya lo decía Pablo:
Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios (Rm. 3:23). 
El texto es claro: “Todos”, eso incluye al legalista que pastorea tu iglesia. Nadie está libre de pecado, por lo tanto, nadie merece la gracia por sí mismo. Si no fuera por Jesucristo nadie tendría esperanza ni salvación. Tu vida no ha sido más terrible que la de otros seres humanos, incluyendo a esa persona que se hace llamar “pastor” sin serlo.

Por eso Juan escribió:
Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad (1 Jn. 1:8). 
Las iglesias no son museos para exhibir santos impecables, ese es un error que a lo largo de la historia de las religiones, incluyendo el cristianismo, ha sembrado muerte, terror y sangre. Todas las persecuciones, de todos los siglos, se emparentan en ese concepto equivocado. El problema es que quien se cree más santo que otro, termina convirtiéndose también en el verdugo de sus hermanos. El que acusa luego arma la hoguera para llevar a ella a los que ha condenado previamente. El fanatismo siempre racionaliza sus malas acciones considerándolas como formas de actuación divinas, cuando no son más que mascaradas diabólicas. No dudo que ese pastor, sin que se lo proponga, es instrumento del enemigo de Dios.

La misión redentora de la iglesia 

En muchos sentidos tú eres una persona sobreviviente y alguien que está en mejores condiciones que otros para entender y ayudar a quienes padecen o han padecido las secuelas de las drogas, los hogares destruidos, los embarazados no deseados y otras consecuencias equívocas.

Cuando pienso en que tenías 13 años cuando fuiste arrojada a vivir a la calle se me parte el alma, a esa edad, se es una niña, el que hoy día puedas estar inspirada a ayudar a otros, es simplemente un milagro, que lastimosamente tu “pastor” no ve. Eres una sobreviviente, en psicología se diría resiliente, una persona que pasó por el infierno y ha logrado llegar a la tierra prometida de la esperanza.

La iglesia tiene una sola misión: LLEVAR EL MENSAJE DE RESTAURACIÓN A LA VIDA DE LAS PERSONAS. El gran problema es que muchos de los miembros de las iglesias quieren salvar a los pecadores, pero no quieren que se salven junto a ellos. Los quieren lejos, ausentes, detrás de una pared. No desean que los pecadores que han sido salvados vengan a sentarse a su lado en la iglesia, los prefieren en sus casas, lejos, frente a sus televisores o en iglesias online.

Cuando era adolescente mi país fue visitado por un alto dignatario mundial. El aeropuerto estaba cerca de poblaciones marginales (callampas, se les decía en ese momento). Barriadas de gente pobre que construía sus miserables viviendas con cartones, latas y maderas desechadas. No sé a qué funcionario, de los “brillantes” que abundan en la política, se le ocurrió que la mejor solución era poner una pared entre la carretera y dichos barrios, para que los que vinieran del aeropuerto no tuvieran que ver la pobreza de dichas personas, y de paso, dar una “imagen” de más alcurnia.

A veces pienso que en la iglesia hay algunos que han construido una especie de barrera, entre ellos, los “más santos”, y los otros, los que han caído en desgracia y por lo tanto hay que esconderlos.

Jesús no tuvo temor de rodearse de prostitutas, ladrones, y enfermos. Los parias de su sociedad. A ellos visitó, abrazó y amó. Y cuando se acercaron los religiosos de su tiempo para reprocharle su actitud simplemente les contestó:

―No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos sino a pecadores (Mr. 2:7).

Y la última frase es una clara ironía, de las que Cristo utilizaba en abundancia porque: ¿Quién es justo? ¿Quién está libre de pecado?

Lo que pretendió enseñar Jesús es que finalmente él no puede hacer nada por aquellos que se consideran justos y sin pecado. La condición básica para ser salvo es entender que se está enfermo y necesitado de su gracia. Cuando eso no ocurre, entonces, la religión, las buenas nuevas, el mensaje eterno, carece de poder transformador.

La iglesia que constantemente le está recordando a las personas sus pecados pasados, no son iglesias, sino purgatorios, campos de concentración y tortura. Los pastores que no aceptan la redención son aquellos que no pueden entender el poder transformador de Dios y en ese sentido, se convierten en instrumentos del enemigo.

Dile a tu pastor que estudie la Escritura, porque aún ignora el poder transformador de Dios. Para muestra, algunos de los grandes héroes y heroínas de la fe, los que proclamamos, aquellos de los que hablamos, de los que se hacen sermones y se inventan cantos, los héroes que deseamos imitar… pero de los cuales no queremos entender su curriculum vitae, la realidad es que:
  • David, fue un violador, asesino, mentiroso, sanguinario, de mal carácter, e hipócrita. 
  • Salomón, fue un adúltero compulsivo y un degenerado sexual que escondía sus impulsos enfermizos en matrimonios de conveniencia. 
  • Pablo, fue un asesino, fanático y cruel. 
  • Pedro, fue un mentiroso y un traidor. 
  • Rahab, fue una prostituta que se convirtió en princesa y la abuela de Jesús. 
  • Juan, era tan soberbio y violento que lo llamaban el “hijo del trueno”. 
  • Manases, fue un tirano, ególatra y megalómano que no dudó en aserrar a Isaías. 
  • Moisés, fue un asesino, mentiroso y cobarde. 
  • Miriam, tenía una lengua viperina, chismosa y camorrera. 
  • Mateo, era un ladrón profesional y un mentiroso por definición. 
  • Abraham, fue un cobarde, un mentiroso compulsivo, y un homicida frustrado que no dudó en embarazar a su propia empleada y luego abandonarla en el desierto para que muriera. 
  • Judá, fue un codicioso, cuya lujuria lo llevó a embarazar a su propia nuera confundiéndola con una prostituta. 
Ninguno de ellos podría haber pasado la prueba del que hace llamar “pastor” de tu iglesia. De hecho, con los criterios que algunos utilizan para “medir” la vida cristiana, todos ellos se habrían convertido en exiliados entre sus hermanos. Habrían sido excluidos y alejados de la comunidad cristiana y no los tendríamos hoy como ejemplos de redención, transformación y gracia.

La serpiente que susurra 

No permitas que ese “pastor” que susurra a tu oído como la serpiente del Edén te arrastre con culpa y necedad. No olvides el mensaje bíblico:
Dios “perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión” (Sal. 103: 3-4).
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados (1 Jn. 4:10). 
En Jesucristo “tenemos redención, el perdón de pecados” (Col. 1:14). 
Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo (1 Jn. 2:1). 
Satanás lucha por desanimarnos y utiliza como instrumentos a los legalistas y fanáticos que creen que ser cristiano es vivir de apariencias. Jesús vino a buscar a los perdidos, a los que tienen conciencia de pecado, a quienes saben que no merecen la gracia. Vino a dar esperanzas a quienes las han perdido. Cuando alguien no promueve eso, es simplemente acólito del enemigo de Dios.

El amor que cubre faltas 

No le hagas caso a ese pastor, discípulo de tú sabes quién. Busca al Señor que redime, al Jesús que vino a buscar precisamente a personas como tú, que han sido hundidas en el pecado, y que luego por su gracia son redimidas, rescatadas y restauradas.

Quién debe jugársela por ti es tu novio. Él es quien debe entender que “el amor cubre multitud de pecados” (1 Pe. 4:8). Por lo tanto, es él quien debe luchar para que tú seas restaurada plenamente.

Si te ama, no debería temer seguir adelante con la relación. Porque el amor es capaz de restaurar y redimir.

Si te ama te va a aceptar con tu pasado y logrará construir una vida a tu lado, porque el amor verdadero hace eso, cubre, protege, redime, restaura y anima.

Así que los diálogos más importantes los debes tener con él, no con el pastor que no entiende nada. Es tu novio quien debe ser, tal como en el caso de Booz y Ruth, tu redentor, el que esté dispuesto a comprar tu pasado porque sabe que tiene un futuro contigo.

Lo que habilita para el pastorado 

No sé de dónde salió esa idea macabra de que las personas que son aptas para el ministerio deben ser impecables, con un pasado sin faltas. Si fuera por eso Pablo, Moisés, Abraham, Pedro, Juan y muchos otros estarían descalificados para ser ministros.

Lo que califica no es el pasado, sino el presente redimido y el futuro de gloria que se produce con personas que se dejan transformar por la gracia de Dios.

Al contrario, como esposa de un pastor podrías hacer un bien mucho mayor, puesto que les darías esperanza a las mujeres y jóvenes que se han desviado y han tenido que morder el polvo de la derrota y la humillación. Darías esperanza tal como la daba Rahab, la ex prostituta de Jericó, la que se convirtió en esposa del príncipe Salmón y llegó a ser la madre de ese extraordinario hombre que fue Booz. Estoy seguro que cuando otras prostitutas veían a Rahab del brazo de su esposo se les llenaban los ojos de lágrimas, pero de gozo, de esperanza, de futuro, porque sabían que ellas también podrían llegar a ser como ella. En su presente ellas veían sanidad para su pasado. Es lo que debería ser siempre la redención, esperanza.

No bajes la cabeza. No permitas que la persona que dirige tu iglesia te doblegue. No dejes que discípulos del averno te impidan ver la luz. Si en ese lugar no creen en la gracia, busca una comunidad cristiana que si tenga a Jesús como centro, pero no dejes que te encarcelen de nuevo en la desesperanza y te alejen del único que puede darte fortaleza, Cristo, tu libertador. Escucha a Pablo, el ex-asesino, el ex-perseguidor, el ex-fariseo, el ex-fanático, el ex-despiadado: 
Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud (Gál. 5:1). 
Al levantarte cada día, sonríe, llena de esperanza y di con una sonrisa en tus labios: Soy una hija de Dios, mi Señor, él "ha roto mis cadenas" (Sal. 116:16).

Conclusión 

Espero escuchar de ti y saber que no sólo eres la esposa de un pastor, sino que además, estás haciendo un ministerio que trae bendición a miles de jóvenes que hoy pululan por las calles sin esperanza. 

Busca y lee el libro de Sharon Jaynes, Tus cicatrices son hermosas para Dios, y luego levanta la frente: Eres una hija de Dios redimida por su gracia. No eres la dueña del universo, pero si su hija.

domingo, enero 09, 2011

Temor y Ansiedad

Nuestros hijos, de 20 y 27 años de edad, habían nacido en el extranje-ro y pasado la mayor parte de su vida fuera de Estados Unidos. Ne-cesitaban una buena visión de su país. Así que salimos en viaje por tierra desde el estado de Washington hasta Washington, D.C., para visitar a los abuelos y hacer algunas exploraciones por el camino. Al dirigirnos hacia el Parque Nacional Grand Teton, donde pensábamos acampar, nos dimos cuenta de que no llegaríamos antes de la noche. Vimos un lugar de camping del Servicio de Bosques con instalaciones muy bási-cas, y decidimos quedarnos allí. No había otros acampantes, pero el lugar tenía numerosas señales de advertencia de que los acampantes no dejaran nada de alimentos fuera para evitar atraer a los osos. Cenamos y pronto estábamos listos para dormir. Pero la idea de que había osos alrededor creció en nuestras mentes. Como resultado, esa noche –con mucho viento y otros ruidos– fue larga y dormimos poco. Ninguno des-cansó muy bien por causa de los osos en nuestro medio: imaginarios, aun-que eran muy reales como para arruinar nuestra noche El temor es una emoción muy fuerte que produce agitación en presencia del peligro. La ansiedad es similar en sus efectos, pero muy diferente porque se centra en incertidumbres futuras. En otras palabras, la ansiedad es temor, no de un gran incendio o un ruidoso terremoto que uno experimente realmente, pero sí de cosas que podrían ocurrir en el futuro.

Las Escrituras mencionan el temor y la ansiedad en diversos lugares. Algunos describen el estado emocional de personajes bíblicos; otros proveen se-guridad ("no temas") a quienes afronten las consecuencias desagradables de estas emociones.

Las palabras temor, atemorizado, temeroso y aterrorizado aparecen 591 ve-ces en la Nueva versión internacional de la Biblia (en inglés). (Algunos de estos pasajes se refieren al "temor de Dios", que es muy diferente del simple temor.) La frase "no temas" trasmite uno de los mensajes más importantes que Dios quiere que la gente comprenda. Él está interesado en liberar a sus hijos de esas emociones debilitantes. Por cuanto él nos ama, nos invita a to-dos a ir a él, someter nuestras ansiedades a él y experimentar la paz. Pedro nos dice: "Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros" (l Pedro 5:7). Parte de la existencia humana
Los seres humanos experimentan temor y aprehensión desde el mismo co-mienzo de su vida. Un grupo de investigadores de la Universidad Médica de Semmelweis en Budapest y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Texas 1
• en Houston estudiaron las expresiones faciales de los bebés huma-nos. Determinaron que las nenas muy pequeñas como de tres semanas y media, y los varones de cuatro semanas y media, exhibieron temor cuando se les presentaban estímulos alarmantes. Y unos pocos meses más tarde apareció la primera forma de ansiedad: ansiedad por la separación, una re-acción de aflicción apropiada del desarrollo, que emerge en los bebés entre los 6 y los 20 meses de edad. A esa edad ellos reconocen a su primer cuida-dor/padre/madre, se dan cuenta de su ambiente y de la gente que los rodea, y lloran cuando los llevan a un lugar nuevo, le presentan a un extraño o se separan de sus cuidadores primarios. Aquí va una muestra de temores y experiencias de ansiedad que pueden ocurrir en los años siguientes:

Los niños que empiezan a andar temen a los animales, la oscuridad y a los extraños.

Los preescolares pueden temer muchas cosas: ruidos fuertes, dormir solos, tormentas, perder a sus padres o que alguien los lastime. Tam-bién tienden a tener miedo de lo que a menudo se asocia con pesa-dillas: fantasmas, monstruos y brujas, por ejemplo.
1 Ernest Nigro et al, “Different Emergence of Fear Expressions in Infant Boys and Girls”, Infant Behavior and Development, 24 (2007), pp. 189-194.
Los niños escolares comienzan a experimentar aprensión y percep-ciones amenazadoras que involucran temas escolares: pruebas, tareas difíciles, notas, ciertas actividades escolares, o sus pares que son más fuertes o que andan mejor en los estudios. Y es bastante común que los niños de los primeros grados teman morir aun cuando todavía no comprenden claramente lo que significa la muerte.


Los adolescentes también afrontan su cuota de situaciones que les causan miedo, tales como la de ser rechazados por sus amigos, no te-ner éxito en los deportes, no desarrollarse físicamente (especialmente cuando sus amigos se desarrollan temprano), fracasos escolares, etc.

Los adultos jóvenes temen que no encontrarán compañeros adecuados para la vida o que perderán las oportunidades de trabajo, o quedar ce-santes.

Aunque los adultos han alcanzado estabilidad en muchos aspectos de la vida, los temores todavía los molestan. Se preocupan por su salud y por lo que pasaría si cayeran gravemente enfermos. Aprensiones co-munes involucran las finanzas ("¿Qué pasará si no puedo pagar todas mis cuentas?"), la vida familiar ("¿Perderé a mi cónyuge?" o "¿Sufrirá mi hijo un accidente?") y el trabajo ("¿Me escuchará mi jefe?" o "¿Seré el siguiente en quedar cesante?").
Los ancianos también tienen sus temores. Pueden tener miedo de in-gresos disminuidos, de contraer una enfermedad que los incapacite, de perder a su cónyuge, de caerse y quebrarse un hueso, de ser asalta-do, y de enfrentar la muerte y morir.
Virtualmente todos en todos los lugares y en diferentes etapas de la vida experimentan temores en una forma u otra. Algunos temores están basados en un pasado que los atormenta; otros son acerca del aquí y ahora; mientras otros todavía pertenecen al futuro. Algunos son reales; y otros, imaginarios. Algunos son realmente importantes; otros son triviales. Pero desde el co-mienzo del pecado, el temor siempre ha estado presente. El comienzo del temor El hombre y la mujer que salieron de las manos de Dios eran perfectos. Sin limitaciones físicas y mentalmente perfectamente equilibrados. Antes de su desobediencia no experimentaban temor o ansiedad, ni podían experimen-tarlo porque estaban totalmente cuidados por su omnipotente Padre. Además no habían observado esta emoción adversa en ninguna otra criatu-ra, de modo que no sabían que tal experiencia podía existir. Eran perfecta-mente felices, en parte porque no tenían ningún temor ni ansiedad. Sabían que Dios los vigilaba y que serían cuidados en el futuro.

Pero las cosas cambiaron radicalmente cuando Eva comió del fruto prohibi-do y se lo dio a Adán. La historia de Génesis 3 nos cuenta de dos conse-cuencias inmediatas de la transgresión. Primero, sus ojos fueron abiertos (versículo 7) y tuvieron, por primera vez, una percepción general del mal así como del bien. Su inocencia –su falta de conocimiento del bien y del mal– desapareció. Ahora conocían el pecado y sentían sus consecuencias. Sabían el antes y el después del pecado. ¡Qué diferencia!
Elena de White describe así su experiencia: "El aire, que hasta entonces había sido de temperatura suave y uniforme, pareció enfriar los cuerpos de la culpable pareja. El amor y la paz que habían disfrutado desapareció, y en su lugar sintieron el remordimiento del pecado, el temor al futuro y la des-nudez del alma". 2 Nota que el resultado inmediato de su transgresión no fueron rayos y truenos o alguna cosa observable externamente. Fue la an-gustia interna, un sentido de culpa, una sensación de quedar expuestos. Segundo, cuando oyeron los pasos de Dios, se escondieron detrás de los árboles (vers. 8). El esconderse era una consecuencia específica, una con-ducta particular. Sabemos los motivos de esto, porque cuando Dios llamó: "¿Dónde estás tú?", Adán contestó: "Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí" (versículo 10, la cursiva fue añadi-da). Es decir, el temor a las consecuencias que sobrevendrían por haber sido descubierto, la incertidumbre acerca de lo que ocurriría después, fue un re-sultado claro e inmediato del pecado. Los ojos de Adán y Eva estaban ahora abiertos. Se daban cuenta de la ten-sión entre el bien y el mal. Esto los hizo sujetos a la preocupación, el temor, el espanto y la ansiedad; emociones que no habían experimentado antes. Muchas personas dicen: "La información es poder" y "El conocimiento abre puertas". Pero eso no fue verdad acerca del conocimiento que Adán y Eva obtuvieron al pecar. La humanidad hubiera estado mejor sin "el conoci-miento del bien y del mal". En su misericordia, Dios puede a veces ocultar de los seres humanos infor-mación porque les traería demasiado dolor. Por eso, aunque Dios nos ha re-velado mucho, mantiene algunas cosas en secreto. "Las cosas secretas per-tenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley" (Deuteronomio 29:29).
2 Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 40.
Los animales, aun los más inteligentes, están protegidos del temor y la an-siedad excesivos. Sólo en la presencia de estímulos amenazadores pueden ellos experimentar estas emociones. Poco antes que mi esposa y yo co-menzáramos a trabajar en una escuela adventista en España, adoptamos a un perro vagabundo. El animal había seguido a una de las maestras desde la es-tación de tren hasta la casa de ella cerca de la escuela. Ella nos convenció de que lo tomáramos como mascota. Fue un amigo leal de nuestra familia durante muchos años. Beni, que fue el nombre que le pusimos, era un perro inteligente y vivaz, pero tenía una conducta extraña: si uno de nosotros arrancaba el automóvil, él se angustiaba visiblemente. Comenzaba a ladrar en forma incesante y tra-taba de meterse en el auto. Si no le permitíamos entrar, corría detrás de él mientras estábamos en el camino de entrada. La primera vez que sucedió esto yo seguí manejando y pensé: Cuando adquiera velocidad, él dejará de seguirnos y volverá a la casa. Pero Beni siguió corriendo a toda velocidad detrás del automóvil como si su vida dependiera de alcanzarlo. Tuve que detenerme y dejarlo entrar. Mi esposa y yo llegamos a la conclusión de que alguien probablemente había abandonado a Beni soltándolo y alejándose. Desde entonces nos aseguramos de que estuviera encerrado dentro de la ca-sa cuando alguien salía con el auto. Aun entonces, él ladraba hasta que el sonido del vehículo no se oía más. Pero tan pronto como el estímulo des-aparecía, volvía a jugar con nuestra hijita. El breve temor de ser abandonado contrasta fuertemente con la forma en que nosotros, los humanos, experimentamos tales temores. Nos preocupan los amenazadores eventos que vendrán, los soportamos con temor, y vivi-mos mucho tiempo después con temor o ansiedad de que puedan acontecer otra vez. Ejemplos en la Biblia La Biblia contiene muchos registros en los cuales las personas mostraron preocupación, temor o ansiedad. Consideremos tres de ellos: Abraham. Este ser vivió una vida ejemplar. Lo vemos aceptando volunta-riamente el llamado de Dios, dejando Harán y saliendo hacia Canaán. De-mostró mucha fe y generosidad hacia otros, y vivió una vida de fiel obe-diencia y proximidad a Dios. Sin embargo, después de un periodo de inten-sa actividad (ver Génesis 12-14), Abraham llegó a tener miedo de lo que podría suceder. Debió haber tenido uno de esos pensamientos"¿Qué pasaría si...?" acerca del hijo de la promesa que todavía no había llegado. Y con-cluyó: Si Dios no me da un hijo, Eliezer –sencillamente un esclavo, ni siquiera miembro de mi familia después de todo– llegará a ser mi heredero.

Pero "vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo y tu galardón será sobremanera grande" (Génesis 15:1; la cursiva fue añadida). Luego Dios le dijo directamente que su here-dero sería su hijo biológico, "un hijo tuyo" (versículo 4). Además, Dios le dio una visión del futuro e hizo un pacto especificando la tierra que sus herederos habitarían. Las dudas y temores de Abraham deben de haber disminuido. Pero este ali-vio no duró mucho. Sucedieron muchas cosas antes del nacimiento de Isaac, incluyendo el extraño intento de Abraham y Sara de suplir el hijo de la promesa, todo quizá como resultado de las dudas, el temor y la ansiedad de Abraham. Pero finalmente "Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su ve-jez" (Génesis 21:2). David. Este hijo de Isaí es posiblemente el personaje bíblico que sintió más temor. Podemos comprender esto cuando recordamos que durante gran par-te de su vida los enemigos trataron de matarlo. Cuando era joven, su prede-cesor en el trono, el rey Saúl, lo persiguió insistentemente. Luego, durante sus años maduros, su propio hijo Absalón procuró derribarlo y matarlo. Y los filisteos lucharon contra él durante toda su vida adulta. En este contexto encontramos joyas como el Salmo 27, un canto en el que David cuenta cómo el Señor lo libro del temor: "Jehová es mi luz y mi sal-vación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?... Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi co-razón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado" (versículos 1, 3).
• La estrategia clave de David en cuanto al temor era la confianza en Dios. Vemos esto en pasajes tales como:

"Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová" (Salmo 40:3).

"No tendrá temor [el hombre que teme a Jehová] de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová" (Salmo 112:7).
"Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?" (Salmo 56:3, 4, NVT).
Muchas personas han reclamado las maravillosas promesas que sugieren las palabras de David. Aprender algunos de sus salmos de memoria y repetirlos en momentos críticos ha traído consuelo divino a personas que tenían temor. Se dice que el Obispo Bashford, mientras estaba en un viaje por China,

no tenía ninguna opción sino dormir afuera porque no había lugar para él en la posada a la cual llegó tarde una noche. Se le advirtió de la presencia de bandidos con sus actividades nocturnas, y encontró dificultad para dormirse después de repetir sus oraciones. Pero volvían a su mente las palabras: "...en el día que temo, yo en ti confío". Entonces le dijo a Dios: "No tiene sentido que los dos estemos en vela", y pronto se durmió y tuvo un buen descanso. Los primeros cristianos. La primera generación de conversos al cristianis-mo compartía sus posesiones entre ellos. Su distribución no se limitaba a comidas, herramientas, utensilios, objetos y dinero; también incluía las pro-piedades. De acuerdo con Hechos 4, los que poseían tierras o casas las pon-ían en venta y traían las ganancias a los apóstoles. Ellos, a su vez, distribu-ían la riqueza entre quienes tenían necesidades. Este sistema funcionó bien, porque se nos dice que "no había entre ellos ningún necesitado" (Hechos 4:34). Las Escrituras mencionan los nombres de algunos donantes: el primero, como un ejemplo de verdadera generosidad, y los otros para mostrar que Dios no acepta la codicia y el engaño. José, un levita de Chipre, vendió un campo y entregó el dinero a los pies de los apóstoles. Ananías y Safira, un matrimonio, prometieron que también traerían el producto de la venta de una tierra que poseían. Sin embargo, secretamente acordaron retener algo del dinero para sí mismos. Cuando le preguntaron acerca de la donación, mintieron, diciendo que habían dado todo el producto de la venta. Y tan pronto salieron las palabras de sus bocas, murieron (ver Hechos 5). Debería notarse aquí que este sistema comunal no estaba basado en la coer-ción. De acuerdo con Pedro, Ananías y Safira podrían haber guardado la tie-rra o cualquier parte del dinero o todo el dinero de la venta. Pero habían prometido donar todo el producto al fondo general. Y cuando afirmaron haber hecho eso, estaban mintiendo a los hombres y a Dios. La Biblia nos dice que como resultado de las muertes de Ananías y Safira, "un gran temor vino sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas" (versículo 11). Es difícil saber la naturaleza de este temor. Pudo haber aumentado el respeto reverente hacia Dios, pero también pudo haber sido que los miembros de iglesia tuvieran miedo de lo que podría sucederles a ellos. Algunos quizás hicieron planes como los de Ananías y Safira de vender sus propiedades y quedarse con una parte para sí mismos, y llevar el resto a los apóstoles para ganar estima. Lo que sucedió con Ananías y Safira sin duda los hizo cambiar de planes.

A veces el temor conduce a resultados positivos. Una cantidad prudente de temor puede salvar vidas y el temor de hacer el mal puede ser beneficioso. Lo que ocurrió con Ananías y Safira tal vez fuese necesario para mantener a los miembros de la iglesia primitiva en el camino correcto. Seguridad divina Los desórdenes de la ansiedad incluyen fobias de diferentes tipos: ataques de pánico, desórdenes obsesivo-compulsivos, desórdenes de estrés pos-traumáticos y desórdenes generalizados de ansiedad. Todos ellos tienen que ver con el temor, la ansiedad y el desasosiego: a veces por una razón cono-cida, otras veces por razones desconocidas. Algunos, como los ataques de pánico, son breves pero muy intensos, con síntomas fisiológicos dolorosos (palpitaciones, traspiración, temblores, falta de aire, sentimientos de ahogo, dolor de pecho, náusea, mareos, sentimientos de irrealidad, temor de perder el control, temor de morir, sensación de cosquilleo, y escalofríos u oleadas de calor). Otros, como los desórdenes generalizados de ansiedad, llevan a meses de desazón, fatiga, irritabilidad, tensión y perturbaciones del sueño.
Estos problemas no son raros. Del 9 al 11,3% de las personas de la pobla-ción general experimenta fobias. 3 Y los desórdenes de la ansiedad genera-lizada tienen una duración de un año en el 3% de ellos y de una vida entera en el 5%. 4 Y estos son sólo los casos clínicos. Además hay muchas perso-nas que sufren temores con menor frecuencia, con síntomas menos severos que no se diagnostican. No obstante, estas personas experimentan gran do-lor por causa de la pérdida del trabajo propio o de algún ser amado, crisis familiares o enfermedades serias. Dios no quiere que las personas sufran de esta manera. Él quiere que nos aferremos a sus promesas y confiemos en él a pesar del temor y la ansiedad. A veces podemos necesitar tratamiento psicológico o médico adecuados, así como necesitamos tratamiento para las enfermedades físicas. Pero en todos los casos, patológicos o no, tanto la prevención como la curación de estos síntomas adversos requiere que practiquemos la oración ferviente y fiel, la comunión con Dios, y la decisión de pensar y hacer lo que es correcto.
3 American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (American Psy-chiatric Association, 19944) 4 Ibíd., p. 408.
En diversas ocasiones Jesús tuvo que recordar a sus seguidores que arroja-ran sus temores y mantuvieran su confianza en el Padre. Dijo, por ejemplo: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la ca sa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros" (Juan 14:1, 2). Nota que Jesús pronunció estas palabras después que predijo su traición e intentó explicar sus últimos días sobre la Tierra y su pronto regreso al cielo. Los apóstoles, aunque no les era bien claro el significado de todo esto, de-ben haberse sentido perturbados. Por eso Jesús les dijo:"No se turbe vuestro corazón". Los estaba invitando a desplazar el temor de sus corazones po-niendo la confianza en Dios el Padre y en Jesús mismo. Entonces Jesús di-rigió la atención de ellos al reino de los cielos, a la presencia del Padre, a un momento cuando no habrá más dolor, ni tristeza ni preocupación alguna acerca del futuro. ¡Qué hermosa sesión de curación! ¡Jesús les dice la dolo-rosa verdad de su inminente partida, pero de inmediato lleva la mente de sus discípulos a la experiencia definitiva de estar con él para siempre! En conclusión, recordamos otra amonestación de Jesús: "No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal" (Mateo 6:34). ¡Cuánto menos incomodidad mental -y física- experimentaría la gente si siguieran este consejo! Mi familia y yo tuvimos el privilegio de servir como misioneros en las Fili-pinas por más de ocho años. Debemos mucho de nuestro conocimiento y comprensión de otras culturas así como mucho crecimiento personal a esa maravillosa experiencia. A menudo observamos que el pueblo filipino tenía la creencia de que "ma-ñana será mejor". Los tifones y las tormentas eléctricas son comunes duran-te la estación lluviosa, y llegan a ser especialmente intensas durante setiem-bre y octubre de cada año, causando diversos grados de daños y a veces provocando pérdida de vidas humanas. Pero después que pasaban la lluvia y el viento, a menudo fuimos testigos de ver a personas que habían perdido sus hogares diciendo con una sonrisa: "Mañana será mejor". Esta actitud –una parte de su cultura– era una gran salvaguardia contra la ansiedad. Los filipinos aplicaban esa actitud a cosas grandes y pequeñas. Les ayudaba a soportar el dolor de hoy y evitar la ansiedad acerca de mañana, que tal vez nunca se materializaría. Si tus necesidades básicas están atendidas, no estás experimentando dolor y estás seguro, te invito a agradecer a Dios por las bendiciones actuales. Si estás agradecido por los eventos del pasado, inclúyelos también en tu ala-banza. Y siendo que no sabes qué te traerá el mañana, permite que Jesús se encargue de tus preocupaciones acerca de lo que podría ocurrir.

lunes, septiembre 06, 2010

el resentimiento

El resentimiento provoca un paulatino deterioro físico, mental y social. El Síndrome de Diógenes es una posible metáfora para entender sus efectos.
Algunos especialistas en salud mental llaman a la compulsión de juntar basura, de cualquier tipo: cartones, revistas, diarios, papeles, bolsas, metales y todo lo que otros botan, como el Síndrome de Diógenes.

Se dice que este síndrome afecta especialmente a personas adultas y materialmente desposeídas. Leopoldo Salvarezza, psicogerontólogo explica que las personas afectadas por esta situación: “En general acumulan papeles, diarios, cartones, y en algunos casos hasta acumulan dinero, que lo tienen guardado en lugares inverosímiles dentro de la casa. Esta acumulación de cosas, la mayoría inútiles, está mostrando un déficit del mundo interno, agujeros que estas personas no pueden llenar, y que los lleva a juntar cosas que sienten como pertenencias”.

Acumular basura puede ser peligroso no sólo por la posibilidad de enfermarse, sino además, porque es campo propicio para el surgimiento de plagas de animales e insectos y porque en caso de algún incendio es un combustible apto para producir un desastre.

Una persona sana no acumula basura. Los desperdicios se dejan en el basurero y se permite que los encargados de esa tarea se lleven lo que se ha desechado. No se hace duelo por la basura que se tira ni obsesivamente se recuerda lo que ha sido dejado en el tacho de los desperdicios.
Una metáfora del resentimiento

El resentimiento es un malestar que se va enquistando en la mente y produce una serie de problemas físicos y mentales y todo esto, tarde o temprano, afecta a las relaciones interpersonales.

Cuando alguien es ofendido por otra persona, tiene dos alternativas posibles. Perdonar y seguir avanzando, o dejarse llevar por el resentimiento al grado que toda su vida comienza a afectarse paulatinamente.

Es como una especie de Síndrome de Diógenes, donde la basura son los agravios acumulados que no se liberan, sino que se van guardando sin permitir que partan, para ser libre. Una persona resentida se convierte en esclavo de sus propias emociones negativas.

No es muy difícil, sólo es necesario acariciar cada ofensa, agravio y ofensa, sin permitir que fluya y se aleje. Se constituye en todo un arte, finalmente, cuando las personas resentidas se esfuerzan por neutralizar la posibilidad de la reconciliación o el alejarse de aquello que los daña, pero, sin dejarse arrastrar por el resentimiento.

Paul Watzlawick en su libro, que lleva el sugestivo título de El arte de amargarse la vida (Barcelona: Editorial Herder, 1989), señala que las personas que tienen el hábito de amargarse, ven el pasado sin los filtros adecuados que da una actitud positiva, al contrario, lo observan como una carga negativa de la cual no se libran.
Efectos del resentimiento

Rick Warren, en su libro Una vida con propósito (Grand Rapids: Zondervan, 2002), señala que: “Muchas personas son conducidas por el resentimiento y el enojo. Se aferran a sus heridas y nunca logran superarlas. En lugar de librarse del dolor que sienten por medio del perdón, lo repiten una y otra vez en sus imaginaciones. Algunas personas que son conducidas por el resentimiento se ‘cierran’ e internalizan su enojo, mientras que otras se ‘inflan’ y explotan cuando están con otros. Ambas reacciones son nocivas e inútiles”.
El resentimiento se convierte en un lastre que termina por hundir la vida. La amargura se instala y se van produciendo ciclos viciosos, puesto que el resentimiento genera relaciones interpersonales difíciles que de un modo u otro colaboran para que la persona se sienta más herida o maltratada.
La liberación

Cuando una persona es ofendida, maltratada, violentada, o afectada de cualquier manera por otro, una opción es sentirse víctima de manera permanente. De hecho, si lo hace, probablemente no será criticada porque se considera dicha actitud como normal.

Sin embargo, lo que aparece como común en el fondo, es parte de un hábito mental mal sano. La inflexibilidad psicológica que padece le impide entender que el resentimiento daña más al que resiente que al que ofende.

Sólo el perdón libera. Perdonar no significa reconciliación, pero al menos libera de cargar permanentemente con sentimientos negativos que tarde o temprano, como una gangrena incontrolable o un cáncer con metástasis, terminarán afectado toda la vida.

El escritor C. S. Lewis en su irónico libro Cartas del diablo a su sobrino (Madrid: Rialp, 1998) señala que finalmente el infierno es “un estado en el que todo el mundo está perpetuamente pendiente de su propia dignidad y de su propio enaltecimiento, en el que todos se sienten agraviados, y en el que todos viven las pasiones mortalmente serias que son la envidia, la presunción y el resentimiento”. En ese contexto la vida se torna en algo desagradable y con la cual hay que cargar con amargura y temor.
Conclusión

Los seres humanos somos fuertes, pero también podemos tornarnos en débiles, producto de las decisiones que tomamos.

"Los acontecimientos son neutros", nos recuerda el psiquiatra Sergio Peña y Lillo en su libro El temor y la felicidad (Santiago: Universitaria, 1989), es el ser humano el que le asigna sentido. El acumular resentimiento es, a la mente, lo que es el Síndrome de Diógenes, para las casas de quienes padecen de este mal.


Leer más en Suite101: El Síndrome de Diógenes, metáfora del resentimiento http://mentesana.suite101.net/article.cfm/el-sindrome-de-diogenes-metfora-del-resentimiento#ixzz0yoDVusf3

jueves, abril 01, 2010

El arte de satisfacer la necesidades emocionales

La pareja se habia acomodado en un strecho abrazo en la cama, cuando la pasion comenzo a arden entre ellos. De repente la esposa interrumpio diciendole: - Querido, no siento deseos. Solo necesito que me acaricies. El esposo que estaba exitado respondio ¿Porque? La esposa se embargo en una larga,conversacion  explicandole que él sencillamente no estaba en sintonia con sus necesidades emocionales de mujer. El esposo comprendio que no iba a pasar nada esa noche y que sencillamente le convenia aceptarlo. 
Al dia siguiente el esposo decidio llevar a su esposa de compras a su tienda favorita. Se paseo con ella por la seccion de ropa y escogio tres vestidos muy  caros para que ella se los probara. Asombrada por los esfuerzos del esposo por agradarla, la mujer se probo los tres vestido, sin embargo, no podia decidir cual le gustaba mas. Magnanimamente él le dijo que llevara los tres.
A continuacion él sugirio que posiblemente ella necesitaria zapatos que hicieran juegos con los vestidos. Entonces fueron al departamento de joyas, donde ella escogio un collar y un par de aretes. La mujer comezo a pensar que su esposo se habi vuelto loco, pero como estaba tan exitada, no le dio mucha importancia al asunto. Vio un brasalete de tenis en el otro mostrador y se lo pidio al esposo.
- Queria tu no juegas tenis - le advirtio el marido - pero si te gusta vamos a tomarlo tambien. Para entonces la esposa estaba delirando de emocion y no podia imaginar por la mente del esposo.
- Muy bien exclamo ella - vamos a la caja registradora.
- Ay, mi amor, no me entendiste bien - se quejo el esposo - No vamos a comprar todas estas cosas. La cara de la esposa se quedo en blanco. - No querida, yo solo queria que tu aguantaras todas estas cosas por un rato.
Los ojos de la esposa se entrecerraron mientras empezaba a enojarse lentamente. Estaba por estallar cuando el esposo le explico.
- Tu simplemente no estas en sintonio con la necesidades sexuales o financieras  que yo tengo como hombre.

Los hombres y las mujeres tienen necesidades emocionales diferentes, sin embargo, ambos sexos tienen solo una vaga idea en cuanto a la naturaleza de ellas. Cuando por medio de encuestas se les pregunta  si estan satisfaciendo las necesidades de la otra persona, ambos conyuges sienten que estan ofreciendoles atencion adecuada a su contraparte. Sin embargo esas mismas personas sienten que su compañero no reconocen ni aprecian lo que está recibiendo. Lo mas probable es que la verdad se encuentre en el hecho de que ambas personas han estado dando, pero dando lo que ellas quieren, !no lo que su conyege desea!  Como resultado , ambos terminan sintiendo frustacion y resentimiento.

Por ejemplo, la mujer piensa que esta siendo amorosa cuando hace preguntas atentas o expresa interes. Para un hombre eso puede ser muy enfadoso. Es posible que él sienta que ella esta tratando de controlarlo o de manipular de alguna forma. Esto confunde a la mujer, porque si él le ofreciera a ella el mismo tipo de interes , lo apreciaria y sentiria que él la ama. En el mejor de los casos en esta drama, los esfuerzos de ella por mostrarle que él si lo ama, se convierten en una molestia.

Por otro lado cuando una mujer esta alterada, el hombre a menudo subestima la situacion diciendole que no se preocupe o que no se deje alterar tanto por las cosas. El reacciona hacia ella tal como trata de reaccionar con sigo mismo; sin darse cuenta de que sus esfuerzos anulan los sentimientos de ella y hacen que crea que él no la ama y que se sienta hambrienta por interes y atencion. La reaccion de ella seguramente confuende al hombre, que no entiende por qué sus esfuerzos han fracasado.
La mayoria de los hombres son incapaces de definir cuales con sus necesidades mas importantes y son menos capaces aun de determinar cuales son la necesidades de su esposa.
Observemos, por ejemplo, al ejecutivo atareado empelado en ascender los peldaños del exito en los negocios. Mientras que su esposa batalla valientemente con cuartos desarreglados y juguetes desparramados, con pellizcos, quejas y serios gritos de !no!, !no!. Él sale a almorzar con algun cliente, o talves ella ha estado trabajando en la computadora o atendiendo las exigencias de algun paciente bajo su cuidado. No importa cual sea el caso, ella ha estado hambrienta de tener una conversacion inteligente y un rato intimo con su esposo. Cuando por fin él llega a casa, todo lo que ella recibe de parte de él son unos cuantos gruñidos, mientras se dirige a la sala para relajarse mirando su deporte favorito en la television. Se espera que ella comprenda, en ese momento, él tiene otras prioridades y que a ella le corresponde seguir siendo su fiel y siempre amante esposa.
Continuara... bajo el titulo: La Mujer necesita amor y afecto.

viernes, marzo 05, 2010

Cuando duerme

Actúa como sí, en vez de 16, tuviera 12 años.
Esconde sus inseguridades tras una fachada hosca y engreída. 
Como otros de su edad y condición, vive para los fines de semana y se esfuerza en ser mediocre,
entristeciendo a sus padres y tiñendo de gris sus cabellos.
Pero, si pudieras verlo cuando duerme, veríais la verdad, un rostro perfecto y pecoso, enmarcado por un mechón rebelde.
Veríais al niño que en una ocasión obligó a su padre a dejar de cortar el césped para rescatar a una flor.
Puede que lo oigáis gritar prepotentes amenazas a sus contrarios, cuando juega al baloncesto.
Vomita estadísticas sobre equipos y jugadores,con una mirada de sabelotodo en los ojos.
Los bíceps que él se ve en el espejo son dos veces mayores que los que ve el resto del mundo.
Pero si pudierais verlo cuando duerme, veríais al niño flacucho al que siempre escogían el último en los equipos.
Veríais unos ojos que idolatraban a los héroes del deporte, como su papá.
Veríais grandes aspiraciones en un niño pequeño.
Ahora quizá lo conozcáis como un seguro y voluble conquistador, un Casanova adolescente, cuyo mayor sueño es ligar.
De hecho, en cualquier momento podéis oírle exclamar: “¡Qué tía tan buena!”.
Pero si pudierais verlo cuando duerme, veríais al debilucho del barrio, capaz de defender a sus hermanas hasta la muerte.
Veríais unas manitas sucias que se alegraban de estar entre las de su madre.
Hoy justifica su comportamiento como el de “un chico normal”.
Alega que es como los demás, pero yo sé más que él.
Lo he visto como en realidad es, cuando duerme.
Fuente:
Sopa de Pollo para el Alma de los Padres.

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